(El coronel de Ingenieros (R) don Carlos Zamorano, ha colaborado en la redacción de este artículo con la transcripción de los documentos originales de Crame.)
La Real Fortaleza de Santiago de Arroyo de Araya fue concebida a principios del siglo XVII para impedir que los holandeses, que dejaron de comprar sal a España con ocasión de la rebelión de las Provincias Unidas, se surtiesen de sal en las cercanas salinas de Araya, una estrecha península que surge de Tierra Firme creando un golfo por encima de la ciudad de Cumaná, siendo la distancia entre la península y la ciudad de tan solo una legua (unos 4,5 km).
En la punta occidental de la península de Araya existían dos salinas, una costera, muy accesible desde el mar, y otra interior, separada del mar por una estrecha barrera de tierra. En esta última los bloques de sal se cortaban como "los sillares en las canteras" y dos días después las cavidades producidas por el corte se encontraban de nuevo rellenas de sal coagulada y formada, formando el conjunto una salina "tan abundante que se ha creido inagotable".
En 1605 los españoles repelieron un primer ataque de corsarios holandeses a Araya, por lo que inmediatamente el ingeniero Bautista Antonelli fue enviado a Cumaná desde la península para iniciar los planos y los trabajos de la traza para la construcción de un fuerte defensivo en Araya, en cuyo proyecto estuvo trabajando durante cinco años antes de regresar a la península, parándose las obras.
En 1621 los holandeses se habían adueñado de varios territorios americanos en Aruba, Bonaire y Curasao. En noviembre de 1622 tuvo lugar el gran ataque holandés contra Araya. Veintisiete barcos holandeses se presentaron frente a las salinas, desembarcaron y cargaron la sal; pero el gobernador de Cumaná, Diego Arroyo y Daza, que estaba en una clara inferioridad numérica, se las arregló para privar de agua dulce a los holandeses, derrotarles y matar a su comandante, de forma que los supervivientes abandonaron aquellas aguas el 13 de enero de 1623. Tras el ataque se envió al ingeniero Juan Bautista Antonelli el mozo, hijo del anterior Bautista Antonelli, para continuar las obras del castillo de Araya. En 1625 ya se había construido su primer baluarte, cuya sola presencia fue suficiente para que el pirata Balduino Enrico abandonara su idea de desembarcar en las salinas. Las obras del castillo finalizaron en 1630, momento en que Antonelli pudo regresar a la península. Además de la construcción del castillo, Antonelli recorrió la provincia de Cumaná y realizó un pormenorizado estudio de sus costas y puertos.
En 1734 los ingenieros Juan Amador Courten y Pablo Díaz Fajardo, que estaban destinados en Ultramar realizando trabajos de fortificación en las provincias de Venezuela y Nueva Andalucía, hicieron algunas obras de mejora y reforma del castillo. Courtén, por su parte, hizo un mapa general de la entrada al golfo de Cumaná, mientras que Díaz Fajardo hizo uno del castillo de Araya.
El castillo tenía una planta rectangular irregular con cuatro baluartes: San Gaspar, en la esquina nororiental, mirando al interior de la península; San Felipe, en la esquina sudoriental, pegado a la costa; Santa Inés, en la esquina noroccidental, mirando al mar; y Santa Cruz, en la esquina sudoriental, mirando al mar. Contaba con diez recintos para alojamiento de tropa y materiales, alojamiento para el castellano, almacenes para pólvora, municiones y víveres, cocina y algibe, cuerpo de guardia y capilla; un foso rodeaba la parte de tierra del castillo. El 6 de enero de 1762 el gobernador de Cumaná decidió volar parcialmente el castillo como medida preventiva ante la inminente guerra con Inglaterra. Por tanto, el brigadier Crame encontró derruido el baluarte de Santa Cruz, partes de San Gaspar y San Felipe y de la cortina que unía Santa Inés con Santa Cruz.
Uno de sus ayudantes, el ingeniero Francisco Hurtado Pino, fue quien se encargó de hacer el informe sobre el castillo y las salinas cercanas. En el informe de Hurtado, fechado en noviembre de 1777, apenas se habla del castillo, remitiendo "lo existente y lo arruinado" al mapa que acompañaba al informe, dando a entender que las obras de reparación son las que ofrece la contemplación de mapa, citando implícitamente que no es trabajo costoso, pues los costados laterales "no ofrecen reparo digno de consideración relativo al arte Militar". A continuación Hurtado se centra en las salinas, a las que dedica el resto del informe.
Hurtado menciona que en un temporal ocurrido en 1725 abrió una brecha en la costa inmediata al castillo e inundó la Salina Grande dejándola inutilizada, por lo que en su informe propuso cerrar de nuevo la brecha mediante la construcción de dos cercas que taponasen el hueco: la del interior formada por dos hiladas de estacas rellenas de escollera; la del exterior formada por cuatro hiladas de estacas rellenas de escolella y hormigón de caliza, cubriéndolas por encima con una fina torta embutida con galápagos o piedrecitas. Hurtado calificó su propuesta como la más económica y duradera, descartando la construcción de un muro por excesivo caso y expuesto "a padecer quebrantos". Calculó que sería necesario un presupuesto de 120.000 reales para jornales, cal y gastos imprevistos, y 10.600 estacas cuyo coste no incluye por desconocer su precio.
A continuación, y para finalizar, mostramos una imagen aérea del estado actual del castillo de Ayaya tomada de Internet. El 31 de octubre de 1960, el gobierno de Venezuela declaró el castillo como monumento nacional.
Archivo General Militar de Madrid (AGMM). Caja 6920, signatura 5-3-10-11, proyecto para reparación de las salinas y castillo de Aaraya.