Plan del brigadier don Agustín Crame para la defensa de la provincia de Cumaná, fechado el 10 de noviembre de 1777.

Archivo General Militar de Madrid (AGMM), caja 6920, signatura 5-3-10-12.

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(Este documento ha sido transcrito por el coronel de Ingenieros (R) don Carlos Zamorano, que gentilmente nos lo ha cedido.)

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Plan de Defensa para la Provincia de Cumaná, hecho de orden del Rey por el Brigadier de Infantería Don Agustín Crame, de acuerdo con el Coronel Don Máximo Du-Bouchet, Gobernador y Comandante General de dicha Provincia.

1. La Provincia de Nueva Andalucía, o de Cumaná, tiene su capital en 10 grados 22 minutos de latitud, y en 46 grados 40 minutos de Longitud; su extensión es de más de 6000 Leguas cuadradas de las legales de Castilla; y la de sus costas pasa de 120 grados de Longitud, sin comprender lo interior de los Golfos de Paria, y de Cariaco. Esto la hace accesible por muchas partes a las embarcaciones Enemigas: pero este defecto lo enmendó, en cierto modo, la naturaleza, extendiendo, a lo largo de toda la costa una elevada Serranía, que dificultará siempre el penetrar en lo interior de la Provincia. Todo el territorio de ella, se puede considerar dividido en tres partes o especies diferentes: La primera y de más extensión, es lo que llaman los Llanos, y estas son tierras muy aparentes para la cría de toda especie de Ganados. La segunda los Valles, y tierras bajas montuosas; éstas son de poca extensión en la costa del Norte, y de mucha en la parte opuesta, especialmente en las cabeceras y curso de los Ríos Areoguar, Ferecén, Aragua, Guarapiche, y otros, donde abundan las maderas excelentes, y donde las Tierras son admirables para todo género de cultivo, acompañándolas la inestimable ventaja de ser regables casi todas. La tercera parte es la de menos consideración, y utilidad, son las serranías; pero, aunque por sí producen poco, sirven de mucho, por la frescura con que templan los calores de esta Provincia, y porque sin ellas, faltarían las aguas, y la amenidad que se consigue en los Valles.

2. El Golfo de Paria es inmenso, y seguro, excepto en algunos parajes donde se experimenta mayor rapidez en las corrientes. El de Cariaco tiene 14 leguas de largo, y tres o cuatro de ancho: es sumamente seguro, y de buen fondo. Las Baterías de Mochima, y Puerto Santo son excelentes, especialmente la primera que está cuatro leguas a sotavento de esta Capital: tiene varios caños muy limpios, y seguros, y en todos se puede dar fondo a veinte varas de tierra, en 6 y 7 brazas.

3. El Fruto principal de esta Provincia, y que pudiera lograrse en ella con increíble abundancia, es el Cacao, que se va fomentando lentamente, y cuya cosecha se irá acercando a tres mil fanegas, en el día; su precio corriente es de veinte pesos la fanega; Maíz se coge el suficiente para el consumo interior, y en años abundantes suele sacarse alguno para la Guaira, y otras partes, sucediendo lo mismo con el Papelón, o Piloncillo, y con los Cocos. El Pescado es otro ramo de industria y de comercio, abunda mucho, y es el principal alimento de estos vecinos; el salado que se lleva a la Guaira, importará un año con otro de ocho a diez mil pesos.

4. Si el Comercio de España con esta Provincia siguiese en el pie que se ha puesto en estos últimos años, podría pasar anualmente de 250 mil pesos, pero la baja será muy considerable suspendida la extracción de los Cacaos de Cúpira, que eran el ramo principal de este Comercio. La extracción de mulas, y ganados para las Islas Francesas puede formar otro ramo de 50 a 60 mil pesos; y será muy útil, si sabe dirigirse, y se convierte en Negros para fomentar las Haciendas.

5. Las Rentas del Rey han tenido un aumento considerable en estos últimos años, fundado en el mayor comercio que se ha hecho en este Puerto; y bajo de este principio se pueden estimar en 40 mil pesos un año con otro. El Situado que viene de México es algo más; y todas las atenciones, inclusa la Tropa, se acercan a 50 mil pesos: Quince años ha que dichas rentas no producían ni 15 mil pesos; es verdad que el Comercio estaba en el mismo abandono que está en el día el de la Margarita: no venían Registros de España, y cada uno se surtía de donde podía; pero desde el año 60 han venido once Registros de Particulares, y otros once de la Compañía Catalana.

6. Las Haciendas de ganado vacuno no tienen ni la décima parte de lo que pudieran tener: en el día habrá de 40 a 50 mil reses en toda la Provincia. La cría de mulas se acercará al número de mil, un año con otro, pero la de caballos es sin comparación más numerosa.

7. La Población estará bien estimada en 50 mil almas: las 20 mil de blancos, y gente de color, y las restantes de Indios, de los cuales son mucha parte Tributarios, pues llegan a 3760 los Tributos.

8. Hay en Cumaná tres compañías de Tropa Veterana en el pie de 77 Plazas, inclusos 10 Artilleros cada una; las Milicias se componen de un gran número de compañías de gente alistada, cuya suma llega a 3550 hombres; y entre ellas hay cuatro compañías de Infantería, y diez de Caballería, que llaman voluntarios, parte de los cuales tiene alguna instrucción; pero ni unos, no otros saben lo que es disciplina militar.

9. En cuanto a Fortificaciones estaba bien esta Provincia cuando tenía para su resguardo el Castillo de Araya; pero después de su demolición (que aun siendo muy imperfecta costó más de siete mil pesos), ha quedado descubierta en la parte que podía resguardar el arte; y solo tiene los pequeños Fuertes de San Antonio, y Santa María con que poder contar para una corta defensa. La Artillería, municiones y pertrechos que existen en los Fuertes, y Almacenes se manifiestan en el estado número 1º.

10. Sin embargo de las pocas Fortificaciones no puedo dejar de decir que esta falta que puede afligir generalmente a los vecinos, puede ser útil, y prudente donde es muy poco el daño que pueden hacer los enemigos, si el País está abierto, y muy grave el riesgo de que tengan en su poder nuestra Plazas si llegan a perderse. Esta máxima importantísima debe tenerse presente en toda nuestra América, porque no llegue el caso de servir a los Enemigos para asegurarse de una Provincia, la misma Fortaleza que se creyó suficiente para embarazar su conquista. Con esta consideración de los Fuertes San Antonio, y Santa María, si por lo reducidos que son, no mereciesen más el nombre de Baterías que de Fuertes.

11. Manifestado el estado de la Provincia entraremos en el examen de cuanto debe hacerse para su defensa. Si se reflexiona la situación ventajosa que tenía el Castillo de Araya se hallará que con dificultad se podría escoger otra mejor en esta Costa: y por lo que respeta a la Ciudad de Cumaná, ni es posible, ni conviene cerrarla; y mucho menos levantar Castillo alguno en las Lomas inmediatas que no tenga contra sí muchos defectos. En la boca del Río pudiera construirse una Ciudadela que guardase las embarcaciones del Puerto, y protegiese el Comercio; pero habría más inconvenientes que objeto en este gasto, y será suficiente para el expresado fin una Batería. La Bahía de Mochima tiene pocas proporciones para fortificarse, pues está entre Cerros que se van dominando unos a otros, y esta disposición junta con lo pedregoso del terreno hace todavía más difícil el establecer en ella Población. Puerto Santo es casi lo mismo, y en cuanto al Puerto es muy inferior al de Mochima. El Surgidero de Barcelona tiene suficiente mérito para la preferencia, porque además de ser bastante seguro, y haber en él mucha mejor proporción para el comercio, ofrece buen asiento para un Castillo el Cerro de El Salado; pero debe advertirse que estas reflexiones se anticipan para cuando puede merecerlo la Provincia; y volviendo la consideración a lo que en día debe ejecutarse, tengo por suficiente, reparar el Fuerte de San Antonio, y formarle su camino cubierto, según lo propongo en el Plano Nº 2º. A estas pequeñas obras que costarán 7000 pesos conviene añadir una Batería de seis cañones en la Boca del Río como manifiesta el Plano Nº. 3º. , con el fin de defender el Puerto, y oponerse al primer acceso de los enemigos por aquella parte: esta Batería costará 4000 pesos. A más de las obras expresadas me parece preciso fabricar un Cuartel para tres compañías de Infantería, el cual lo propongo inmediato al Fuerte de Santa María en terreno bien ventilado y cómodo según manifiesta el Plano Nº. 4º.. Este Cuartel costará incluso los solares y pequeñas casas que deben comprarse de 18 a 20 mil pesos. En el Plano de Cumaná y sus inmediaciones Nº. 1º., se ve la situación respectiva de todos los objetos que se citan.

12. El Reducto de la Candelaria debe demolerse por inútil; es obra que no puede contribuir para la defensa de San Antonio, y que dañaría obligando a dividir la poca Tropa de esta Guarnición, su piedra podrá emplearse en la Fábrica del Cuartel.

13. Mejorando el Castillo de San Antonio, y construida en la Playa la Batería propuesta, se podrá contener al enemigo siempre que no venga con expedición completa contra esta Provincia: cuando esto último suceda se dirá después el partido que deberá tomarse, y deseando yo ahora proporcionar tropa suficiente para la defensa, sin aumentar gastos a la Real Hacienda, ni que estén aquí expuestas a la contingencia de recibir tarde los socorros, he pensado proponer un nuevo sistema de Milicias. No ignoro que las ideas nuevas llevan consigo mismas la duda del suceso, y aún las mejor fundadas, o descubren inconvenientes en la práctica que no pudieron preverse, o se desgracian por mal ejecutadas: pero esto no quita el que la obligación en que estoy de decir lo que pienso en el asunto, sea la consideración de más peso para mí. Bien se deja conocer el defecto general de las Milicias, para el principal fin a que están destinadas. Algunas tienen una proporcionada instrucción; pero todas ignoran igualmente lo que es disciplina militar. Es verdad que ésta la pudieron aprender en la primera campaña, pero pregunto ¿las invasiones de los enemigos en nuestra América darán lugar para que esto pueda conseguirse? ¿La suerte de nuestras Plazas atacadas, no quedará decidida, a lo sumo, en tres o cuatro meses? y los que no hayan sido útiles en ese tiempo, ¿de qué servirá que empiecen a serlo, cuando las Plazas estén en poder del enemigo?

14. Sin embargo de todo lo expuesto, y aun antes de proponer mis ideas, debo decir, que nadie venera más que yo la práctica actual; y que tampoco nadie debe desconfiar más de sus pensamientos, que lo que yo desconfío de los míos; a que puedo añadir que tan indiferente me hallará la censura como el elogio de ellos.

15. A más del grave error de llamar comúnmente bien disciplinada a una Tropa bien ejercitada, estamos a mi parecer en otro engaño, que aunque más disculpable, no deja de ser perjudicial, y este es el de creer, que el soldado no puede ser bueno, si no está sirviendo, y con la casaca puesta todo el año: y no tendré reparo en decir que la instrucción, una vez conseguida, no es dable que se olvide, como de tiempo en tiempo se renueve, y que el punto más importante, que es la disciplina de la Tropa, no se pierde por la suspensión de su servicio, sino por su mal establecimiento, o su relajación.

16. Ya se deja conocer que mis ideas se dirigen a proponer una milicia que se releve en ciertos tiempos del año; que los cuerpos, o Compañías de que se componga hagan el Servicio con el mayor rigor, cuando les toque, y que durante ese tiempo estén asistidos del mismo modo que la Tropa veterana. Esto pide un Reglamento particular, que se trabajará si el pensamiento mereciese alguna estimación: y ahora se dirá lo más preciso para hacer conocer la posibilidad, y la importancia de este establecimiento en Cumaná.

17. Hay en el casco de esta Ciudad 450 hombres blancos, y 650 de color, capaces de tomar las armas: cuyo número ofrece proporción para formar desahogadamente nueve compañías, tres de blancos, y seis de pardos, y morenos, todas de la fuerza que tienen las de Infantería veterana. A estas compañías se les debe dar un Comandante activo, instruido, y prudente; y podría serlo un Sargento Mayor venido de España, con el sueldo de mil pesos anuales; también convendría que le acompañasen dos Ayudantes con cuatrocientos pesos cada uno.

18. Estas 9 compañías se dividirán en tres partes, o trozos que entrarán de servicio cada cuatro meses; y se empezará por las compañías de blancos. De ellas entrará una de guardia, y las otras dos se instruirán mañana, y tarde en el ejercicio, y reglas de buena disciplina; sin que de esta tropa salga soldado alguno a otros destinos pues se propondrán otros medios para lo que se pueda ofrecer en la Provincia.

19. El sueldo y Prest de las Compañías de Blancos ha de ser durante su servicio, igual en todo al de la Tropa veterana: y a nadie se disimulará la menor falta, ni omisión en dicho tiempo. Concluido éste se restituirán a sus casas, quedando en entera libertad, hasta que llegue el nuevo tercio del año en que deben servir.

20. Los Oficiales de Pardos, y Morenos, tendrán los dos tercios de la paga que tuvieren los Oficiales blancos; y el soldado de color tendrá seis pesos, esto es dos pesos menos de lo que tienen los demás.

21. Arreglado con esta proporción no llegará a 25 mil pesos el gasto de las nueve compañías, pero en el primer año deberán aumentarse cerca de tres mil pesos por 15 días de instrucción anticipada para que aprenda esta nueva Milicia los rudimentos más precisos para montar las guardias: y no se destina más tiempo porque en el ejercicio continuado de los cuatro meses de servicio tendrán lugar para perfeccionarse en su instrucción.

22. De este modo se extenderá el espíritu militar en la Provincia, y se impondrán casi todos los vecinos, no solo en el manejo de arma, y evoluciones, sino también en las buenas reglas del Servicio. Amarán su instrucción, y disciplina, porque a más del beneficio de estar bien asistidos, conocerán que de ella depende su seguridad, y estarán en disposición de servir al Rey, y a la Patria con honor, y con utilidad.

23. Se ha dicho que no debe sacarse de Cumaná tropa alguna para destinos separados, y con el fin de atender a os que puedan ofrecerse en la costa, y en lo interior de la Provincia, se proponen tres Compañías de Dragones en la Nueva Barcelona con 32 plazas cada una; las cuales han de hacer también el Servicio por tercios, empleándose al año cada Compañía cuatro meses, y ésta se repartirá en los destinos que el Jefe de la Provincia juzgue necesarios. El Capitán de cada Compañía podrá tener 60 pesos al mes; los demás Oficiales, y Sargentos a proporción; y los Dragones doce pesos; pero con la obligación de mantener sus caballos; y como éstos abundan, y son muy baratos, podrá el Rey costearlos únicamente por la primera vez. A los individuos de las Compañías que no estén de servicio es preciso abonarles siempre cuatro pesos mensuales para la manutención del caballo que deben conservar en todo tiempo, y comprendido este gasto, importará el total de las tres Compañías 8680 pesos.

24. El vestuario y armamento así de la Tropa de Infantería como de los Dragones me parece regular que se costee por cuenta de la Real Hacienda; y yo quisiera que los individuos de las Compañías que no están de servicio se pudiesen poner el uniforme en los días festivos, para que se acostumbrasen a considerarlo como un distintivo honorífico, y privilegiado.

25. Para completar la Dotación de Tropa que considero conveniente en esta Provincia, solo falta levantar una Compañía de Artillería con 30 Plazas, un Capitán, y un Subteniente, todos con el mismo sueldo, y prest que los individuos de las Compañías de alternación, y esta Compañía costará 4190 pesos, que añadidos a los gastos de la demás Tropa será el total 37565 pesos, cantidad a que excede el Situado que viene de México en 3695 pesos. La formación de dicha Compañía de artillería, será muy del caso, tanto quedándose las cosas en el estado en que están, como poniéndose en el pie que se proponen.

26. Este nuevo Sistema de Milicias, no quita que en los Parajes que son de poca consecuencia, y donde solo se necesita una mediana defensa, sigan las Milicias en el antiguo pie; tales son en la Costa de Barlovento, Río Caribes, y Carupano: los Enemigos no pueden hacer invasión por aquella parte sino con el fin de saquear aquellas Poblaciones; y es muy justo que para estorbarlo salgan a la defensa los vecinos. Lo mismo puede decirse de los demás Pueblos, exceptuando únicamente Cumaná; y esto por ser la Capital, y porque en ella deben considerarse reunidas las fuerzas, para defender la Provincia.

27. Se ha dicho cuanto se ha creído conducente para prepararse contra las invasiones enemigas, y ahora queda que exponer lo que debe ejecutarse supuesto que esté la guerra declarada, o próxima a declararse: suponemos que esto sea contra la Inglaterra, que es el enemigo más probable que tenemos, y porque en un Plan de defensa no se debe prescindir de circunstancia alguna esencial que se sepa, o que pueda preverse; se han combinado en el que se presenta para Cumaná las razones que pueden tener los enemigos para atacarla, son la que los puede entiviar en esa idea. Si por la facilidad de invadir una Provincia, y por las utilidades que ofrezca el conquistarla, se hubiesen de graduar las proporciones para hacer su conquista, y conservarla, pocas expediciones podrían presentar mejor aspecto a la Inglaterra una dilatada costa fácil de invadir; un País inmenso que poblar: unas tierras excelentes para todo género de cultivo, y una admirable disposición para sostener sus Islas, y amenazar las ajenas. Todas estas ventajas, y la importantísima circunstancia de estar a barlovento de lo restante de nuestra tierra firme, irían produciendo al conquistador inmensas utilidades con el tiempo. Pero las dificultades que se le presentarían para reducir enteramente esta Provincia; y lo mucho más difícil que le sería al Enemigo el conservarla, serán en mi dictamen razones suficientes para que se abandone el pensamiento de invadirla. Tampoco he perdido de vista el lisonjero aspecto que ofrece para en adelante el teatro militar de América: y que la guerra civil con que la soberbia Inglaterra se destruye a sí misma, ha de resultar que suceda a la orgullosa confianza de invasores, el tímido recelo de invadidos. Estas reflexiones me mueven a creer que la Inglaterra no hará expedición costosa contra Cumaná; y que por consiguiente no vendrán con fuerzas decisivas, aun en el caso que intenten invadirla: pero no por eso se dejará de decir lo que deba ejecutarse en cualquier disposición con que pueda presentarse el Enemigo.

28. En toda la costa desde la boca de los Dragos hasta la Punta de Araya, no hay (como se ha dicho) más Pueblos que guardar que los de Río Caribes y Carupano, que ambos compondrán un vecindario de 3000 almas: en ellos hay siete compañías de Milicias, cinco de Infantería, y dos de Caballería. En estas compañías deben poner aquellos Pueblos su defensa: y para examinar el estado en que se hallan, y mejorar su instrucción, convendría que las visitase el Jefe de la Provincia, y que en tiempo de guerra pusiese un Oficial inteligente para dirigirlas. En estos Pueblos que están cerca de 30 leguas de Cumaná, se deberá vivir con la mayor vigilancia; retirar a lo interior del País todo lo que pudiera aprovechar al enemigo, y situarse las milicias, cuando intente hacer su desembarco, en los puestos más ventajosos para embarazarlo o contenerlo.

29. A la parte de sotavento de esta Ciudad, no hay más Población considerable en la costa que la de la Nueva Barcelona; dista de aquí doce leguas; y su vecindario son 4230 personas: hay en ella quince hombres de tropa veterana, y diez compañías de Milicias, de las cuales ocho son de Infantería, y dos de Caballería: estas Milicias necesitan dos Oficiales que las instruyan continuamente, sobre todo en tiempo de guerra; y como aquella Ciudad está enteramente abierta, sin Fuerte, Batería, ni más defensa que la que puede hacer su vecindario; conviene que el Oficial que mande sepa tomar los puestos, ocupar con inteligencia los desfiladeros, y aprovecharse de todas las ventajas del terreno; a estas partidas militares debe acompañar la afabilidad, y prudencia para ganarse la voluntad de los vecinos.

30. Aunque aquella Ciudad no dista más que una legua de la Playa, se tardan, regularmente, cuatro o seis horas subiendo por el Río: y en cualquier partido que tome el enemigo hay proporción para incomodarlo en el terreno, y no sería la primera vez que han sabido aquellos vecinos hacerlo retirar con escarmiento.

31. Pasemos ahora a determinar lo que debe ejecutar el Jefe de esta Provincia, así para conservarla, como para defender la Capital: y expongamos antes algunas providencias, y precauciones, que deben preceder. Como la proximidad de Cumaná a las Islas de Trinidad y Margarita, y de éstas a las Inglesas de barlovento proporciona el tener noticias puntuales, y el podérselas comunicar prontamente, convendrá que desde que empiecen las sospechas de guerra, entable este Gobernador una correspondencia frecuente con los de aquellas Islas, comunicándose recíprocamente todas las noticias importantes que tuvieren, y prestándose aquellos auxilios que dicte la prudencia; haciéndose cargo que todos son Dominios del Rey, y procurando en cuanto se pueda, que la independencia de los Jefes no perjudique a los intereses del Soberano.

32. Las solas sospechas bien fundadas de guerra, o el estar ya declarada entre la Francia, y la Inglaterra, deberán bastar para vivir con la mayor cautela, y prepararse a rechazar al enemigo por todas partes. Esta vigilancia se encargará a todos los Pueblos de la costa, con orden a los Tenientes de dar a la Capital puntual aviso de cuanto ocurriere, y de cualquiera novedad interesante que puedan adquirir, especificando con claridad el conducto por donde la han tenido para darle el asenso que merezca.

33. Será muy importante, ínterin S.M. resuelva sobre la Batería de firme que se propone en la boca del Río, construir, luego que se declare la Guerra, una provisional de fajina, en el mismo paraje, o inmediato; pues importa mucho tener con que imponer algún respeto, cundo menos a los corsarios enemigos, que de otro modo podrían venir a hacer presas, e insultarnos en este Puerto, con no menos desaire, que perjuicio nuestro.

34. Se pondrán en Araya dos vigías que avisen con humareda de día, y con candeladas de noche, cuando se avisten embarcaciones enemigas; y se tendrán dos Lanchas prevenidas, una en Araya, y otra en Punta de Arenas, para que vengan a dar prontamente aviso de las novedades que ocurrieren.

35. De las Milicias de a Caballo se destacarán a Bordones un Sargento, dos Cabos, y seis hombres, de los cuales saldrá después de media noche una Patrulla, la cual registrará toda la Playa hasta el Río de Manzanares que es el de esta Ciudad; y una hora antes de amanecer volverá a su destino. De la boca del Río saldrá otra Patrulla también a caballo que llegará hasta Bordones de donde volverá antes del amanecer: de modo que cualquier novedad que haya de noche en dicha Playa la vean indispensablemente una u otra Patrulla. Para asegurar lo mismo por la parte de Barlovento, saldrá todos los días de Cumaná dos horas antes de amanecer otra patrulla de Caballería que vaya por Playa Chica, hasta el Peñón, y vuelva después a la Ciudad, y unas, y otras darán parte puntual de cuanto hubieren observado; y siempre que advirtiesen rumor de desembarco, destacará prontamente el Cabo de la Patrulla un soldado de ella con el primer aviso, y él se detendrá con el otro hasta asegurarse bien de la verdad, y de cuanto pudiese examinar, sin arriesgarse en caer en manos de los enemigos, pues importa menos dar una arma falsa, que exponerse a ser sorprendidos. A más de las precauciones expresadas se coronará toda la Playa desde Bordones hasta el Peñón con partidas de Indios, situadas de distancia en distancia, y armados con sus flechas; pero se tendrá el cuidado de no dejarlos inútilmente expuestos al fuego de las embarcaciones Enemigas.

36. Se deberá retirar con tiempo a Cumanacoa la mayor parte del caudal de las Arcas Reales, y lo mismo se deberá ejecutar con los efectos de valor de los Templos y de los vecinos, pues no solo pide esta precaución la prudencia, sino que estará la Ciudad menos expuesta a ser invadida, faltando este motivo a la codicia.

37. Si no obstante las providencias expuestas, hiciesen su desembarco los enemigos; se observará con mucha serenidad, y cuidado, el aparato, y fuerza con que vienen; y sobre todo si traen alguna Artillería de batir: pues viniendo sin ella, se debe resolver sin titubear, el defender los Fuertes con tesón. Para este fin se les destinarán ciento y cuarenta hombres de guarnición inclusos veinte Artilleros, y se procurará con anticipación poner en dichos Fuertes, del mejor modo que puedan acomodarse, los víveres necesarios para un mes; y las municiones serán las que se expresan en el estado Nº. 2º. La comunicación de ellos deberá ponerse, con tierra y fajina, a cubierto de la fusilería Enemiga, y su guarnición será de gente escogida, y su comandante que debe residir indiferentemente en San Antonio, o en Santa María, el oficial de más espíritu que tenga la Provincia, al cual se le harán esperar todos los socorros necesarios para dilatar cuanto se pueda la defensa. El poner mucha gente en los dos Fuertes sería de menos utilidad, que de perjuicio, pues bloqueados por un número considerable de tropas tendrían que rendirse a la necesidad; pero siendo moderada, y sabiendo defenderse sería muy regular que se disgustase el enemigo de la lentitud, y la incertidumbre del bloqueo.

38. Si los Enemigos por un errado concepto de lo que es Cumaná, o por figurárseles que siendo dueños de la Capital, les sería fácil conquistar la Provincia, hiciesen el gasto de un Armamento considerable para invadirla, y viniesen con competente Artillería gruesa para batir los Fuertes; sería como inevitable que éstos cayesen en su poder en breve tiempo; pero como en la guerra hay mil accidentes inopinados, que varían, y trastornan los sucesos; consiguiéndose muchas veces aún más de lo que unas lisonjeras esperanzas podían prometer. Convendría dejar entre San Antonio, y Santa María de 80 a 100 hombres, inclusos los mejores Artilleros, y aparentando desde los principios una rigurosa resistencia, manifestar una segura confianza de ser socorridos. Este partido pudiera proporcionar una honrosa capitulación, a unos Fuertes, que habiendo Artillería con que batirlos no pueden merecerla. Y si el sitiador se obstinase en negarla después de haber hecho el trabajo de montar su Artillería, se abrirá una noche la guarnición camino con la espada; y precaviéndose con vestidos propios contra lo espinoso del terreno, es regular que se consiga el fin, sin poderlo estorbar el enemigo.

39. Aunque el Jefe de la Provincia debe atender a todo, y hallarse siempre donde sin reparar en peligros sea más necesaria su presencia, no creo conveniente que se encierre en ninguno de los Fuertes, sino que animando cuanto pueda a la guarnición de ellos, conserve la comunicación con lo interior del País; pero sin alejarse de la Ciudad más de lo que pida la precisa precaución; y como en las inmediaciones no hay población alguna hasta San Juan de Macarapana, y aún esa es reducida, convendría que se hiciesen tiendas de campaña para quinientos hombres.

40. La mayor distancia a que se alejará el Jefe de la Provincia mientras los Fuertes puedan resistir, y le sea posible ejecutarlo, es la de Macarapana, que está dos leguas de aquí. Allí juntará toda la tropa, Milicias e Indios flecheros que pudiere, y sus maniobras han de ser dignas de un Oficial experimentado, sagaz y prudente, para amenazar al enemigo, tenerlo en continua inquietud, batirlo en detalle si divide sus Fuerzas, y socorrer los Fuertes según lo pidiere la necesidad; pero si con toda esta defensa no pudiese evitar la pérdida de otros Fuertes, abandonará entonces su Campo de Macarapana, y tomará con toda su gente el camino de Cumanacoa.

41. Aunque no debe presumirse que dueño el Enemigo de la Ciudad de Cumaná, y de sus castillejos, intente internarse en la Provincia, y probar fortuna en la guerra de montaña; diremos lo que se deberá hacer por nuestra parte. En ese caso se deberán coronar los principales desfiladeros con compañías de Indios flecheros, y alguna Infantería miliciana mezclada con ellos; esta sola providencia podría ser suficiente para contener su temerario arrojo; pero suponiendo que venciesen esta primera oposición, se duplicaría nuestra resistencia, a medida que los enemigos se fuesen internando; se cortaría (como puede hacerse con facilidad) el camino del imposible, y se construiría un reducto de piedra seca guarnecido con 60 hombres en el cerrito que está sobre la unión del camino de peñas negras con el de Tunantar, para salir al encuentro a los contrarios por cualquiera de los dos caminos que tomasen; y como desde el pie de la cuesta que está allí inmediato, y dista 8 leguas de esta Ciudad, siguen todavía los desfiladeros hasta San Fernando se continuaría en ellos una obstinada defensa, que no es creíble pudiesen superarla.

42. Sin embargo queremos conceder que después de mucha pérdida, fatigas, y resistencia penetre el enemigo las 12 leguas casi toda de serranía, que hay de esta Capital hasta Cumanacoa. Cuando viésemos que se proponía ese objeto se retiraría cuanto hubiese de valor en aquel Pueblo, y se debería llevar a San Francisco, lo mismo se haría con parte de los víveres de repuesto que en aquel valle deben acopiarse, quedando únicamente los que necesitase la Tropa, y gente armada para su subsistencia.

43. Dando por posible que los Invasores tomasen el inútil, y temerario partido que acaba de expresarse, y siendo mucho más asequible el derrotarlos en su penosa retirada, se debería prevenir con tiempo a las Milicias de Pao, y de Aragua, y aún pedir socorros a Guayana, y Caracas para que incorporándose todos en San Francisco, o en Cumanacoa se lograse darles al fin un golpe decisivo.

44. Limitada, como puede asegurarse la conquista del Enemigo a la Ciudad de Cumaná, y sus pequeños Fuertes, tendría que mantener un Cuerpo considerable de tropas para conservarlas; pues no siendo así se podría recuperar con gran facilidad, sin que dos, o tres Navíos pudiesen estorbarlo. A tanta costa sería imprudente empeñarse en tan limitada conquista; y no viniendo con fuerzas considerables, y gruesa Artillería, nos podemos prometer obligarlo a retirarse sin dejarle lograr el fruto de su empresa.

45. Todo lo que se ha dicho es con relación a la Tropa, y Milicias que tiene la Provincia; pero admitido el nuevo pie que se propone, se tendrían mayores fuerzas para la defensa; y la aplicación de ellas queda bien demarcada en el Plan extendido para las actuales. Cumaná 10 de Noviembre de 1777.

Agustín Crame (firmado)
Máximo Du Bauchet (firmado)

En una octavilla suelta encontrada en la carpetilla de esta signatura, se lee:

“Plan de Defensa de la Provincia de Cumaná hecha de orden del Rey por el Brigadier Don Agustín Crame de acuerdo con el Capitán de Navío de la Real Armada, y Comandante General de la Provincia Don Máximo DuBonchett”