(El coronel de Ingenieros (R) don Carlos Zamorano, ha colaborado en la redacción de este artículo con la transcripción de los documentos originales de Crame.)
LA PROVINCIA DE CUMANÁ.
La provincia de Cumaná era la más oriental de Tierra Firme entre el mar y el río Orinoco y su delta, siendo el río Unare el límite occidental con la provincia de Venezuela. En 1777 el brigadier Crame estimó su población en unos 50.000 habitantes, de los que 20.000 eran blancos o de color y el resto indios.
Los españoles se asentaron en la costa norte de la provincia en el año 1500; en concreto lo hicieron en busca de perlas en la isla de Cubagua, situada debajo de isla Margarita en el lado occidental. Allí fundaron en la isla la que sería la primera ciudad de Sudamerica y que tomaria más tarde el nombre de Nueva Cádiz; en 1510 ya tenía un cabildo y en 1535 unos 1500 habitantes. La ciudad, que recibió este rango en 1528, se abastecía de agua dulce desde la vecina ciudad de Puerto de las Perlas, en el continente, antecedente histórico de la posterior ciudad de Cumaná y situada a unos 60 km de la isla, en la desembocadura de un río al que bautizaron con el nombre de río Manzanares. Este lugar fue el elegido por frailes franciscanos y dominicos para fundar misiones y evangelizar a los indios; pero éstos, descontentos por el abusivo comportamiento de algunos españoles, atacaron a los frailes en 1515 y destruyeron los conventos.
Tras el ataque de los indios, los frailes reconstruyeron el poblado con sus conventos, templo y escuela. Pero al llegar la noticia a la Audiencia de Santo Domingo, ordenaron a Gonzalo de Ocampo que pacificase el territorio. Ocampo llegó con 300 hombres en enero de 1521 y, tras hacerse con la confianza de unos indios, apresar a los cabecillas y hacer medio millar de esclavos, firmó las paces con un cacique llamado Don Diego. Finalmente, en 1522 Ocampo fundó la ciudad de Nueva Toledo en el asentamiento inicial de Puerto de las Perlas. En 1569 el gobernador Diego Hernández de Serpa llegó de la península con una numerosa expedición para colonizar el territorio con el nombre de Nueva Andalucía. Cambió el nombre de la capital Nueva Toledo por el de Cumaná, a la que en 1591 el rey Felipe II se otorgó rango de ciudad y escudo de armas. Serpa además recibió permiso del rey para conquistar y poblar Guayana y las riberas del Cauca hasta unas 20 leguas (unos 90 km) al sur del Orinoco. Todo este enorme territorio formaría la provincia de Nueva Andalucía.
La provincia de Nueva Andalucía fue una de las más importantes de Tierra Firme, con gobernaciones en Guayana y las islas de Margarita y Trinidad. En 1585 y 1586 se fundaron las ciudades de San Sebastián de los Reyes, en los llanos orientales, San Baltasar de los Arias (hoy Cumanacoa) en el valle del río Manzanares, y Nueva Écija de San Cristóbal, origen de la actual Cariaco. En 1631 se crea la gobernación de Nueva Barcelona, con capital en Barcelona a secas, fundada en 1638 y que se convertiría en la segunda ciudad más importante de Nueva Andalucía.
Los ataque de bucaneros franceses al mando del pirata marqués de Maitenon de 1676 y del pirata Michel de Grammont en 1680 motivaron la fortificación de la capital. En 1726 se creó la provincia de Cumaná, integrada dentro de Nueva Andalucía; esta última se completaba con las gobernaciones de Barcelona y Guayana; en septiembre de 1777 el rey Carlos III hizo desaparecer las provincias de Venezuela y Nueva Andalucia y en su lugar creó la Capitanía General de Venezuela, en la que se integraron las provincias de Maracaibo, Caracas, Cumaná, Guayana, Margarita y Trinidad, con capital en Caracas.
En el Atlas Geográfico de la América Septentrional y Meridional, publicado en París por Thomás López, pensionista de S.M. el Rey Fernando VI en 1758, la provincia de Cumaná se describe en las páginas 71 y 72 de la siguiente forma:
"La Provincia de Cumana, está frente del Cabo de Araya, y de la Isla de la Margarita, separada por las Salinas tan nombradas, y el Golfo de su nombre: este Pays está poblado de muchos Salvajes mui feroces: el Rio Cumana fertiliza esta Provincia, y la abastece de buena pesca: su terreno es fértil en maiz, y en varios frutos: sus bosques están cubiertos de diferentes arboles mui singulares, que producen buenos balsamos, y olorosas resinas: hai hermosas flores: se hallan muchos animales feroces: hai en sus contornos algunas minas de oro: y la Mar arroja en sus orillas mui hermosas caracolas.
"CUMANA es la Ciudad Capital de esta Provincia, situada en la tierra firme, a dos leguas de la Mar entre un bosque espeso: tiene esta Ciudad una Rada sobre el Mar mui comoda en una Bahia bien limpia, sin peñasco alguno, con 14 brazas de profundidad: no está mui poblada; sus habitantes son dóciles, los que habitan en las costas; pero los de tierra adentro mui feroces.
"El Cabo de Araya es el mas nombrado en esta Pays, y es el que cierra el Golgo de Cariaco. El Fuerte de Santiago se edificó para que guardase las Salinas que están inmediatas.
"La isla de la Margarita descubierta por Christoval Colon está enfrente de esta Provincia, separada de ella por un estrecho de 7 leguas, donde están las Islas de Cubagua, y Coche: produce bastantes frutos, maiz, y caza; está llena de arboles: se hallan mui buenas perlas; las principales poblaciones son Macanao, S. Pedro, Mornegro.
"La isla Blanca está enfrente de la antecedente: su terreno es seco, y pedrisco, no tiene ningun Rio; pero solamente algunas Lagunas; hai unas Salinas.
"La Isla de la Tortuga está a la parte Occidental de la Isla de la Margarita: hai muchas cabras, liebres y conejos.
EL PLAN DE DEFENSA DE LA PROVINCIA DE CUMANÁ.
En junio de 1777 el brigadier Crame salió de la isla de la Margarita hacia Cumaná. Llegó, por tanto, a la provincia tres meses antes del decreto de disolución de las provincias de Venezuela y Nueva Andalucía y de creación de la Capitanía General de Venezuela. Allí se entrevistó con el gobernador y comandante general de la provincia, el coronel Máximo Du-Bouchet[01] y comenzó sus reconocimientos para hacerse una idea del estado de la provincia y sus necesidades defensivas. Su actividad incluyó el reconocimiento de la Real Fortaleza de Santiago de Arroyo de Araya para elaborar un proyecto para la reparación de las salinas cercanas y del castillo, pues la fortaleza había sido volada de forma preventiva e intencionada por el gobernador de Cumaná el 6 de enero de 1762 durante la guerra anglo-española declarada por Inglaterra cuatro días antes, y la llamada Salina Grande había sido inundada por el mar después de un temnporal ocurrido en 1725.
DOCUMENTO: Plan del brigadier don Agustín Crame para la defensa de la provincia de Cumaná, de 10 de noviembre de 1777.
La guarnición de la provincia se concentraba en la capital y se componía de 241 soldados de tropa veterana, encuadrados en tres compañías de 77 hombres, más diez artilleros. A ellos se unían unos 3.550 milicianos de gente alistada de forma voluntaria, encuadrados en cuatro compañías de Infantería y diez de Caballería, sin apenas disciplina militar.
La provincia tan solo contaba tres fortificaciones concentradas en la capital: el castillo de Araya, en la península del mismo nombre y los pequeños fuertes de San Antonio y Santa María en la ciudad de Cumaná. El primero se encontraba parcialmente destruido de forma intencionada desde 1762, con motivo de la inminente guerra con Inglaterra. Los dos fuertes podían considerarse como baterías y no como fuertes; el fuerte de San Antonio tenía un reducto, llamado de la Candelaria, con misión para apoyar su defensa. El resto de la provincia no contaba con fortificaciones.
El brigadier Crame repite el argumento esgrimido en su plan de defensa de la isla de Trinidad: no conviene construir grandes fortalezas en el territorio por el peligro que supone que el enemigo las conquiste y se sirvan de ellas para dominar el territorio. Por ello descarta fortificar amurallar Cumaná ni construir un castillo en sus inmediaciones. También descarta construir ningún otro castillo en el surgidero de Barcelona, que ofrece buenas posibilidades para su construcción, ni hacerlo en la bahía de Mochina y Puerto Santo por las pocas posibilidades que ofrece el terreno.
Para proteger la capital de incursiones enemigas, Crame propone mantener las tres fortificaciones existentes y construir una nueva batería en la desembocadura del río Manzanares, en cuyas orillas se edificó la ciudad, para proteger el puerto de Cumaná, cuyo coste estimó en 4.000 pesos. La nueva batería cruzaría sus fuegos con los del fuerte de San Antonio, cuyas obras de reparación estima en 7.000 pesos. También propone desmantelar el reducto de la Candelaria, porque opina que realmente no ofrece ningún apoyo al fuerte de San Antonio y obliga a dividir la tropa disponible en dos fortificaciones; de esta forma podría utilizarse su piedra para la construcción de un cuartel para tres compañías de Infantería en la ciudad, cuyo coste ascendería a 20.000 pesos. En total, Crame propone un gasto puntual de 31.000 pesos, equivalente a unos 670.000 euros actuales[02].
La novedad de Crame está en la reorganización de la milicia, partiendo de la idea de que una tropa necesita estar regularmente entrenada y entrar de servicio de tanto en tanto para no relajar ni perder su disciplina. Para ello propone crear tres compañías de blancos y seis de pardos y morenos en la ciudad de Cumaná, de 77 hombres cada una, al mando de un comandante, que bien podría ser un Sargento mayor venido de España, y dos ayudantes. Cada cuatro meses entrarían de servicio tres compañías, de las que una estaría de guardia y las otras dos en instrucción mañana y tarde. Pasado este tiempo la tropa tendría libertad de movimientos hasta que le llegase en nuevo turno de servicio pasados ocho meses. Calcula el coste en sueldos de estas nueve compañías en 25.000 pesos al año.
También propone crear en Nueva Barcelona tres compañías de Dragones, a 33 plazas cada una, con el mismo tipo de servicio por tercios anuales que en Cumaná, con un coste estimado de 8.680 pesos anuales; y una compañía de Artillería con 30 plazas, con un coste de 4.190 pesos. El coste total anual de su propuesta asciende a casi 38.000 pesos, equivalentes a unos 820.000 euros actuales. Crame avisa que este gasto excede en unos 3.700 pesos el dinero que procede de los situados de Méjico, dejando caer implícitamente que habría que aumentar la dotación del situado de Cumaná en Méjico.
Crame propone dejar la defensa de las demás poblaciones de la provincia en manos de las milicias en su actual composición, pues considera que la mayor amenaza a la que se enfrentan se limita a incursiones de saqueo de posibles enemigos, contra los cuales los propios habitantes organizados en milicias podrían bastar.
A continuación, pasa a considerar la defensa de la provincia en caso de una guerra declarada contra Inglaterra, nuestro principal enemigo en aquella época. Crame reconoce la facilidad de invasión de la provincia debido a lo dilatado de sus costas, a lo envidiado de sus feraces tierras para el cultivo y a su situación a barlovento, cercana a las bases inglesas; pero lo difícil de la conservación del territorio una vez conquistado hace poco creíble que Inglaterra considere una invasión en fuerza de la provincia.
Crame afirma que, en la costa desde los Dragos hasta la punta de Araya, los pueblos caribes y de Carupano, situados a unas 30 leguas de la capital, existen cinco compañías de Infantería y dos de Caballería de milicias, que deberían estorbar el desembarco y hostigar el avance enemigo mientras el resto de la población se retira hacia el interior del territorio llevando consigo todos los enseres que puedan. Tan solo necesitan que el gobernador militar de la provincia le reviste su instrucción de vez en cuando y un jefe que los diriga en caso de guerra.
A sotavento de la capital no hay más población considerable que Nueva Barcelona, distante doce leguas, la cual cuenta con 15 soldados de tropa veterana y ocho compañías de Infantería de milicias y otras dos de Caballería. Esta fuerza necesita dos oficiales que las instruyan continuamente. En caso de invasión, como la ciudad dista una legua de la playa y se tarda unas cuatro horas en llegar navegando por el río, las milicias tendrían tiempo para observar los movimientos enemigos, desplegar en consecuencia y hostigarle.
En caso de guerra o sospecha de ella, el gobernador de la provincia deberá recibir noticias y avisos de las intenciones y actividad enemiga. Para ello deberá sacar ventaja de la proximidad de Trinidad y Margarita a las islas de barlovento británicas, pondrá en alerta los pueblos de la costa para que extremen la vigilancia y avisen a la capital de cualquier novedad; por su parte, el castillo de Araya deberá mantener vigías para dar aviso de noche con luces y de día con señales de humo. Además, las milicias a caballo de Cumaná deberán despachar patrullas diarias a las cercanas playas de sotavento y barlovento de la capital, entre los Bordones y el Peñón, a medianoche y al amanecer, manteniendo algunas partidas de indios armados con flechas en aquellos lugares a una distancia segura para evitar el fuego de las embarcaciones enemigas. Además, el gobernador deberá retirar a la ciudad de Cumanacoa, situada a unos 56 km en el interior de la provincia, los caudales de las Arcas Reales y los objetos de valor de los templos y de los vecinos de la ciudad.
Si el enemigo desembarcara sin Artillería, además de hostigar su avance, se destinarán 140 soldados para la defensa de los fuertes, incluyendo 20 artilleros, al mando del oficial con más espíritu combativo de la provincia, con víveres y munición para resistir un mes hasta la llegada de los refuerzos. Si llegasen con Artillería, los fuertes caerían en poder del enemigo, por lo que deberían capitular o hacer una salida para internarse en el país. El gobernador de la provincia no debería encerrarse en ninguno de los fuertes, sino mantenerse cerca de la capital, en la localidad de San Juan de Macarapana, situada a dos leguas (unos 9 km) de la capital. Desde allí se mantendrá contacto en contacto con la guarnición sitiada de la defensa y tomará el mando de toda la tropa, milicias e indios flecheros para atacar y hostigar al enemigo mientras éste se mantenga sitiando los fuertes.
El valle de Cumanacoa, recorrido por el río Manzanares, se convertiría en la clave de la defensa en profundidad. En caso de caída o capitulación de los fuertes, el gobernador abandonará Macarapana y se dirigirá a Cumanacoa, y si el enemigo decide internarse en el interior de la provincia tendría que hacerlo por el valle de Cumanacoa, única vía de entrada al país. En este caso el gobernador debería hacer el mismo tipo de guerra de hostigamiento que Crame preconizó para la defensa de la isla de Trinidad. Para ello deberá construir un reducto de piedra en un lugar específico que Crame sitúa a ocho leguas de la capital (unos 36 km), guarnecerlo con 60 hombres para salir al encuentro del enemigo por cualquiera de los caminos que conducen a él, y continuar la defensa por los desfiladeros que llevan a San Fernando. El gobernador debería además prevenir a las milicias de Pao y Guayana en el sur, y a las de la Guaira y Caracas en el oeste, para que se concentrasen todos en Cumanacoa y realizar un ataque decisivo sobre el enemigo.
Si por el contrario el enemigo decidiera no internarse en el país y permanecer en la capital y sus fuertes, estaría obligado a mantener un fuerte contingente de tropas, y como es muy probable que no lo hiciera, sería muy factible obligarle a retirarse.
En resumen, el plan de defensa de Crame es conceptualmente parecido al de la isla de Trinidad: observar los movimientos enemigos y hostigar su avance; resistir lo que se pueda en los fuertes; retirarse al interior para iniciar una guerra de guerrillas; y esperar la llegada de refuerzos procedentes de las provincias vecinas.
Archivo General Militar de Madrid (AGMM). Caja 6920, signatura 5-3-10-12, plan de Crame para la defensa de la provincia de Cumaná.
NOTAS:
[01] Du-Bouchet pertenecía a una familia noble española que se asentó en la Habana en el siglo XVIII procedente de Andalucía. Su primer antepasado conocido es Blas Du-Bouchet y Musq, quien llegó a la Habana como comandante de las Compañías Ligeras de Fusileros de Montaña con el empleo de teniente coronel de Infantería. Conocemos a dos "Máximo" en la familia: Máximo Du-Bouchet y Herrera, teniente coronel del batallón ligero de Tarragona, y Máximo Du-Bouchet y Moya, capitán de granaderos del regimiento de Infantería de León, ambos de guarnición en Cuba. Nos inclinamos a pensar que nuestro Du-Bouchet gobernador de la provincia de Cumaná sea el primero. (Fuente: EcuRed)
[02] Un peso tenía 27 gramos de plata. Actualmente, el valor de la plata ronda los 0,8 euros por gramo, por lo que un peso equivaldría actualmente a unos 21,6 euros.